miércoles, 7 de octubre de 2015

#31 - De antes de nacer

Emanuel Berro
Rosario, Santa Fe



¿Qué te acercó a la música?
Me gusta pensar en que mi primer acercamiento viene de antes de nacer, en los latidos del corazón de mi vieja, en lo que me podrían haber cantado o en la música que podría haber llegado a mis oídos. Mi papá escuchaba mucha música y solía poner algún disco por las noches, antes de dormir, cuando con mis hermanas éramos chicos. Puedo nombrar eso como un acercamiento, siendo niño. Después, seguramente, el jardín de infantes, la primaria y la radio. Yo escuchaba mucha radio. Ya de más grande, fue un canal expresivo y de catarsis muy grande. Podría racionalizar mi acercamiento a la música de varias maneras, prefiero dejarlo como una multiplicidad de bellos factores.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Recuerdo cuando, a los siete u ocho años, agarraba una guitarra pequeña que tenía mi abuela materna y rasgueaba con la mano derecha creyendo que eso ya era “tocar” la guitarra. Ya era algo, sin duda. Podría decir que mis primeras incursiones, de manera sostenida y estable, fueron en el secundario, en dos ámbitos. Primero, en el grupo juvenil de mi colegio, cuando animábamos las misas y celebraciones o en las primeras guitarreadas. Y segundo, el profesor de música del colegio nos proponía hacer actuaciones en vivo, armar repertorios y cantar. Yo aprendí a tocar la guitarra a los trece años, con un profe particular que vivía frente a mi casa, de manera que contaban conmigo para ese tipo de actividades.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
No, no la tengo aún. Hay épocas más fecundas que otras y trato de tocar algo todos los días. Como mis conocimientos teóricos de música son básicos, me manejo bastante intuitivamente, armando armonías y melodías que me gustan por cómo suenan, tratando de pasar a la guitarra cosas silbadas o cantadas. Y generalmente, si ando con una idea o intención de letra clara, trato de ir componiendo junto con la música.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Siempre que toco y canto alguna canción mía o de otra persona y me sale fluida, bonita, clara, es placentero para mí. También lo es el momento de la devolución, cuando quienes te escuchan te demuestran sinceramente que lo que estás haciendo les llegó, les dijo algo, les emocionó. Pero sin duda que el momento más placentero del proceso, en mi caso, es terminar una canción propia, ajustar los detalles, pulir la letra, cantarla varias veces y que ya no haya ni una palabra o un acorde que no me guste cómo quedó.

¿De qué hablan tus canciones?
Creo que sobre todo hablan de mi forma de sentipensar y de estar en el mundo. Por un lado, los temas tienen que ver con intereses o intencionalidades que me atraviesan desde siempre y que hablan de la historia personal, como pueden ser la libertad, la memoria, el amor, el recuerdo, el disfrute, el poder estar plenamente en el aquí y en el ahora. Pero también se nutren de mi visión de las cosas que pertenecen más a lo social, a lo común, a lo de todxs, como la justicia, el trabajo, el tiempo, la cotidianeidad. También es cierto que son dos realidades que están demasiado relacionadas como para separarlas. Podría agregar, a modo de resumen, que son una lectura de lo que pasó, de lo que pasa y de lo que quisiera que pase.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Espero que crezcan, que se multipliquen, que sigan siendo honestas y que sean bien recibidas, gusten o no.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Pensar en el “camino solista” no me representa del todo, aunque sí me gusta pensar en que puedo compartir y defender mis canciones de manera solista, más allá de que pueda formar algún grupo algún día. Simplemente se dio, comencé a tocar mis canciones en los ámbitos más cercanos, de amigos, de militancia, con cierta urgencia de mostrar, de compartir y me fui encariñando con la idea de hacer canciones. Hoy toco mucho más de manera solista que de forma grupal, tal vez por una cuestión de simplificación y de moverme más rápido, y por qué no para ponerme a prueba a mí mismo y ponerle el cuerpo a las canciones. Pero me gusta pensar en un dúo o trío en el que hagamos canciones mías y de otrxs. El hecho de ser un grupo y estar en sintonía con otrxs también dice mucho y enriquece las canciones, es más poder.

¿Cómo ves la escena musical?
Muy fecunda, muy nutrida, con mucha diversidad de propuesta, ganas de juntarse, de conocerse y gran capacidad de autogestión de muchos cumpas. Admiro mucho a algunxs compañerxs que además de tener una propuesta musical muy bella, con mucha poesía y música, son capaces de ir construyendo su camino de manera autogestiva, aunque cueste mucho.

¿Con qué músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Aunque me reconozco a varios años luz en lo que a dedicación y trabajo se refiere, me identifico mucho con la propuesta y la búsqueda de músicos como Lucas Heredia (Córdoba), Julián Venegas (de Rosario), Juan Aznárez (del grupo El Mayllín y el dúo Aznárez- Cortéz). Pero también disfruto y me emociono mucho con músicos como José Luis Aguirre, Ramiro González, Paola Bernal y otros, menos conocidos aún, como Sandro Rodríguez (de Salta) o Facundo Amuchástegui (de Córdoba).

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Pienso que hay búsquedas o lenguajes similares, tal vez intereses parecidos de comunicar cosas de forma similar. Hay sonoridades o estilos que se repiten demasiado, también, para mi gusto. Pero sobre todo pienso que es un momento de apertura, de diversidad, y no me animo a sacar muchas conclusiones, porque tampoco conozco tanto.

¿Un disco?
Puentes invisibles, de Lucas Heredia y Julián Venegas.

¿Una canción?
“La buena luz”, Julián Venegas.

¿Una frase?
“El mundo no es, el mundo está siendo”, Paulo Freire.

¿Un espacio?
La plaza de mi barrio: Plaza Cisneros, Alto Alberdi, Córdoba.

¿Con quién continúa la serie?
De a pie →

No hay comentarios:

Publicar un comentario